Fuente: Diario de Córdoba.
La humanización de los candidatos en redes sociales se ha convertido en una pieza clave en la batalla por la movilización del electorado, aunque no parece que sea suficiente para cambiar el sentido del voto.
Internet ha cambiado la manera de comunicar la política. Las redes sociales han desdibujado los límites de las campañas y TikTok o Instagram se presentan como escenarios de gran relevancia en la estrategia electoral de los partidos. A lo largo y ancho de la pugna por la confianza de los andaluces de cara al 17 de mayo, hemos visto a los candidatos a San Telmo volver a sus raíces, disfrutar de la Feria de Sevilla, compartir sus playlists o acariciar a animales. Y lo que habrán dejado para la recta final. Es evidente que estar en la red no asegura escaños, pero sí visibilidad barata que depende de grandes equipos de comunicación y del algoritmo.
«Los mítines han quedado como una herramienta desfasada de la que luego se puede trasladar el mensaje a la opinión pública a través de redes sociales y medios de comunicación», explica Juan Carlos Blanco, asesor experto en comunicación política. Blanco añade que los mítines sirven para «entusiasmar» a los «hooligans» del partido y a los «adictos que hacen de atrezzo». ¿Dónde se libra entonces la verdadera pugna por el voto?
Internet maneja unos alcances con los que los mítines tradicionales nunca podrán competir. No hay estadio al que acudan 200.000 simpatizantes ni partido político que hoy día lo llenase. Los de Maíllo se afanan con el ‘tú a tú’ o el ‘barrio a barrio’ en las calles, pero cuando terminan de patear el barrio de La Luz, en Málaga, suben un post a sus redes para mostrar que se lo han recorrido de punta a punta. Y eso también forma parte de una estrategia de comunicación. No solo han llegado a los vecinos de ese barrio; también a los del resto.
Laura Teruel, profesora de Periodismo en la Universidad de Málaga e investigadora en comunicación política y redes sociales, asegura que las campañas electorales se pueden librar en la red cuando existe «una disputa real» sobre quién acabará gobernando, pero no cuando el resultado de los comicios «es muy evidente». «Una mayoría no se va a caer por lo que vemos en Internet, pero sí es decisivo en un contexto de incertidumbre», explica Teruel. En este sentido, la docente asegura que una buena estrategia de redes sociales puede movilizar el voto, pero no hacer que este cambie de color.
Directos de Instagram con el candidato
Juanma Moreno tiene cerca de 250.000 seguidores en Instagram. Más, incluso, de los que suma el líder nacional de su partido, Alberto Núñez Feijóo (217.000). Esto quiere decir que cualquiera de sus ‘posts’ potencialmente saldrá, como mínimo, en la pantalla de todos esos usuarios que, a su vez, podrán simpatizar y compartir a conocidos. Su adversaria política no llega a la mitad de sus cifras. María Jesús Montero cuenta con 107.000 ‘followers’, mientras que los candidatos de Por Andalucía y Vox, Antonio Maíllo y Manuel Gavira, no llegan a los 20.000.
La estrategia de comunicación de Adelante Andalucía llama la atención por innovadora. Su candidato a San Telmo, José Ignacio García, es el mejor valorado por los andaluces, según un estudio del Centra (CIS andaluz). El líder del partido cuenta con casi 50.000 seguidores en Instagram, con quienes interactúa cada semana a través de directos en los que responde a preguntas que cualquiera le puede formular en comentarios. Según Esperanza Fernández, directora de comunicación de Adelante Andalucía, se suelen conectar en torno a 2.000 personas a cada sesión y, para ellos, las redes son un reflejo de lo que perciben en la calle. «Voy con José Ignacio a todo tipo de eventos y curiosamente le para mucha gente joven para decirle que lo han visto en TikTok o en Instagram», un escenario que Fernández asegura, «quieren y deben disputarle a la ultraderecha».
El fenómeno ‘Vox’ y la humanización de los candidatos
Las redes sociales son un buen recurso para formaciones políticas minoritarias que no tienen grandes recursos para permitirse grandes campañas. Lo que cuenta en estos espacios no son los escaños que ostentan en el Parlamento, sino, explica Blanco, «la imaginación, la creatividad y las ganas de trabajar». En este sentido, añade que las campañas ya son «permanentes» y «emocionales».
La humanización del candidato en la red se ha convertido en una pieza esencial de campaña para que se pueda dar una identificación emocional con el político de turno. De esta misma manera, la deshumanización del adversario en contextos de crispación y polarización también se ha vuelto esencial para los partidos. «Vox ha hecho un uso casi impecable de la figura de Abascal«, advierte Blanco, que admite que la ultraderecha ha sabido ofrecer soluciones simples o «testosterónicas» a problemas complejos como pueden ser la crisis de vivienda o sanidad. Así, el trabajo que Vox hizo en TikTok cuando surgió y, que posteriormente siguieron el resto de partidos, les permitió conectar emocionalmente con las capas jóvenes de la sociedad que estaban llegando a la edad con derecho a voto.
Teruel, que imparte la asignatura de Periodismo Político en la UMA, introduce en el aula el término ‘polarización afectiva’, que implica una identificación «muy visceral» de los usuarios de la red con el partido político en cuestión. «Vox está instalado en la confrontación beligerante y más que fortalecer el sentimiento de pertenencia a su partido, practican el odio y el descrédito al rival», explica.
Los expertos coinciden en que la emocionalidad con la que juegan los partidos es la antesala de lo que ocurrirá el próximo domingo 17 de mayo. Por lo pronto, las encuestas gastan prudencias con una posible mayoría del presidente de la Junta en funciones, Juanma Moreno. Expertos en política como Ángel Valencia, catedrático también de la Universidad de Málaga, aseguran que, si Vox es capaz de manejar «muy bien» los mensajes en redes sociales, todavía podríamos estar hablando de sorpresas.
Grandes equipos de comunicación detrás un solo usuario
Las campañas del Partido Popular y del Partido Socialista, aunque encuentran puntos en común, son diferentes entre sí. Los socialistas están viendo desfilar por el sur a algún que otro ministro, al expresidente Zapatero y al secretario general del partido al mismo tiempo que presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Todo un despliegue personal para arropar a la exministra y candidata, María Jesús Montero. Según Fernando López, diputado en el Parlamento andaluz y parte del equipo de comunicación de Montero, el PSOE está llevando a cabo una estrategia «muy amplia» a varios niveles. Por un lado, de sectorización por colectivos con grandes demandas, como ya se vio en precampaña; y por otro lado, un puerta a puerta digital a través de activistas que superan la centena.
López afirma que los suyos montan la estrategia de campaña de esa manera porque no consiguieron que su electorado fuera a votar en las últimas elecciones. «No es que Andalucía se haya vuelto de derecha, sino que Andalucía en las elecciones autonómicas se queda en casa en un 10%», asegura. Para ellos, estos comicios van de que la izquierda «encuentre un motivo para ir a votar».
La campaña del Partido Popular es «claramente de imagen y de liderazgo personal», según el politólogo Ángel Valencia. Y, aunque también cuentan con la presencia de su líder nacional, Alberto Núñez Feijóo, la estrategia del PP tiene que ver de manera casi exclusiva con Juanma Moreno.
